sábado, 6 de octubre de 2012

SARDINAS A LA CAZUELA


Las sardinas, por regla general, es un pescado que se asocia a la playa o a una barbacoa o similar, pero después, para diario, no es usada, bien por el olor que dejan, por las espinas, o por falta de recetas. A mi las sardinas personalmente me parece una maravilla del mar en la mesa, así que intentaré daros la mayor variedad de recetas para adultos y niños. A mis cachorros he conseguido que les encanten, así que ánimo.


Para dos personas necesitaremos: 

3 sardinas por comensal o bien 2 si son muy grandes
2 cebolletas, a poder ser moradas
4 dientes de ajo
1 hoja de laurel
3 cucharadas de pulpa de tomate
½ copa de manzanilla de Sanlúcar
Perejil
Sal
Pimienta negra molida
4 cucharadas de aceite puro de oliva 

Si las sardinas son muy grandes, como fue mi caso, podemos deslomarlas, es muy sencillo con un cuchillo afilado, pero si no, pues también las venden en filetes. Para deslomarlas se remojan para quitarles las escamas con las uñas, de la cola hacia la cabeza. Luego se coge el cuchillo y se empieza a corta pegado a la espina dorsal, o sea, la espina superior, y vamos profundizando y apoyándonos en la espina central. Cuando hemos llegado al centro, hacemos lo mismo desde el lado ventral del bicho y se obtiene el primer filete. Lo mismo se hace con el otro lado.

La cebolleta morada, a mi me gusta mucho para estos platos, porque es más recia y queda más entera. Vamos a intentar que quede al dente, así que no la rehogaremos mucho. La vamos a cortar en juliana, y los dientes de ajo en láminas finas. El perejil, pues pequeñito, como dios manda. Cogeremos un tomate maduro y lo rayaremos con la mandolina o un rayador. Intentaremos escurrir el agua sobrante y nos quedaremos solo con la pulpa.

En una cazuela de barro, a ser posible, ponemos el aceite a fuego medio. Cuando esté caliente añadimos los ajos y empezamos a sofreírlos con el laurel. Cuando empiecen a dar olor, ponemos la cebolleta con un poco de sal. Saltearemos 1 ó 2 minutos no más y añadiremos el tomate. Así sofreiremos un par de minutos y añadiremos las sardinas, bien ordenaditas, con un poco de sal por encima, perejil, pimienta negra y la ½ copa de manzanilla. Taparemos la cazuela. Si las sardinas están en filetes las tendremos 2 ó 3 minutos, y si están enteras estarán 3 ó 4, no más. Podemos dejarlas reposar y apartadas del fuego, ya que el barro va transmitiendo el calor que ha absorbido.

Listo. Una manera diferente de comer sardinas, sin que dejen olor, ni en las manos, ni en la cocina. Aunque a mi, asadas me pierden también.

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